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Florecer en voz alta
Por Cruz Velasco Estrella Jazmín
Hay libros cuya lectura deja una herida abierta, como una escena que vuelve una y otra vez a la memoria. Esto ocurre cuando la poesía deja de ser un simple género literario para convertirse en refugio, pregunta y camino.
El libro Nacieron flores en mi boca cuando olvidé tu nombre, de Maira Colin, propone una travesía emocional y estética a través de imágenes que funcionan como una pequeña película.
La obra es profundamente cinematográfica; está compuesta por escenas que irrumpen y desaparecen con la misma intensidad que los recuerdos. En ellas, el poema se convierte en “una forma de pensar, decir, reflexionar”; por su parte, las flores surgen como destellos de sentido, porque “las flores son el que nos da un instante”, declaró la autora.
Durante el evento, la presentadora Necorita invitó a los asistentes a leer en voz alta, palabra por palabra, uno de los poemas de Nacieron flores en mi boca cuando olvidé tu nombre. Este ejercicio permitió “construir el poema y volver a escribirlo”, declaró Necorita.
Este momento transformó los murmullos de la sala en una sola voz que dio vida al poema. En este sentido, la autora afirmó que la poesía siempre está viva y puede convertirse en un refugio ante la adversidad de la vida.
En este recorrido aparece el dolor, no como una tragedia, sino como un motor creativo; “no es que el dolor sea terrible, no hay que tenerle miedo al dolor”. Los versos son atravesados por una herida persistente; Maira Colin no busca cerrarla, sino nombrarla, volver a ella para transformarla.
Al final, los poemas en Nacieron flores en mi boca cuando olvidé tu nombre no ofrecen respuestas definitivas, pero sí un lugar para habitar la incertidumbre. En tiempos donde el miedo parece instalarse en lo cotidiano, la palabra poética aparece como un gesto de resistencia íntima; la autora declara que “nunca el miedo nos va a vencer, nunca se va”. Tal vez ahí radique su fuerza, en recordarnos que incluso lo que duele puede florecer.



