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Escritoras y sus plumas: mujeres con mala reputación
Por Muñoz Cárdenas Alexa

Graciela Roque y Guadalupe Calles en la presentación del libro Mujeres con mala reputación en la 47° FIL del Palacio de Minería
El Programa Libro Club, realizado en el corazón de la 47a edición de FIL Palacio de Minería, recibió a siete escritoras de diferentes estados de la República Mexicana cuyos textos están antologados en el libro Mujeres con mala reputación, una publicación sobre la condición femenina.
La presentación convocó a una gran variedad de personas; el poder de la palabra no distingue entre géneros. Si bien los asientos en el escenario estaban ocupados por las escritoras, durante la presentación la distinción entre ponentes y oyentes se diluyó hasta ser inexistente.
Guadalupe Calles fue la primera en leer su escrito; una catarsis capaz de mover al cuerpo sentó las bases para la escucha absoluta. Miriam Soubran tomó su turno, en su texto las protagonistas eran las mujeres de vida galante: “Mamá, yo también quiero ser una mujer elegante”, narró.
Una ronda de aplausos seguía a la anterior. Ellas escriben, editan y publican desde las trincheras. Mia Hernán, Graciela Roque, Dolores Corzo, Aramara Mar y Gabriela Zavaleta también formaron parte de la ponencia entre amores malditos, libertad sexual, el reloj del tiempo y la justicia poética.
Lo que al inicio fue una lectura en voz alta, pronto se convirtió en una cámara de verdades y lamentos: “Conocí al diablo. Y me dijo «ven», tenemos mucho de qué hablar. Él no me miraba, me seducía. Lo hacía todo suyo como la sombra al frío o el ímpetu al vacío. Conocí al diablo y estuvo adentro. Más que de mi mente y de mi cuerpo, incrustados sus deseos en mí, uno tras otro, sin pasión profana pero revolcando mi conciencia al fuego…”.
Calles recordó que el 8 de marzo, en medio de la manifestación, las funcionarias de la Cámara de Diputados retiraron actividades para hacer frente a la muerte de una mujer: “Hoy no quiero flores ni felicitaciones, quiero el respeto a mis derechos sin excepciones. No quiero besitos ni muestras, quiero que se castiguen a los asesinos de las muertas. ¿Qué se festeja, que libertad tenemos ya mucha? Pues ni me asusta que levanten las cejas, porque en mis derechos hasta la muerte, seguiré en la lucha”.
El silencio que siguió a las rimas se rompió por las notas musicales que retumbaron en la sala. “Canción sin miedo” sonó en las bocinas y una de las mujeres entonó los versos, esta fue la conclusión perfecta para la mala reputación de la velada.



