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El legado vivo de Miguel León Portilla
Por Cruz Velasco Estrella Jazmín
El libro Soy mi memoria, dedicado a Miguel León Portilla, comienza a hablar desde su grosor y portada. No se trata únicamente de la memoria de un hombre, sino de la construcción material de una voz que se niega a desaparecer.
La presentación de este libro celebra el oficio invisible detrás de sus páginas. El editor de la publicación declaró que este trabajo representa su silencio para revelar la intimidad de León Portilla.
El recuerdo se escribe, traduce y respira entre páginas. La obra Soy mi memoria, escrita en colaboración de varios autores, es una edición cargada de afecto y admiración que recupera las memorias escritas de la pluma del propio Miguel en 2019.
El primer capítulo del volumen es bilingüe: español y náhuatl; la lengua originaria transforma el relato y se vuelve poesía. Por su parte, los elementos visuales hacen un recorrido intelectual que evoca la tradición retórica de Quintiliano y Cicerón, así como la mirada histórica de Bartolomé de las Casas.
La tipografía del libro está pensada para que el texto no sea demasiado ancho y ofrecer un toque distintivo. Así mismo, las capitulares dibujadas con marcos de madera, las fotografías en cada inicio de capítulo y la portada realizada por el nieto de León Portilla son guías que convierten a esta publicación en un objeto narrativo donde “son un detalle que cuenta que se puede tratar el capítulo”, comentó el editor.
El libro no sólo reúne “paisajes y momentos inolvidables”, también traza mapas tanto territoriales como filosóficos de nuestras raíces. De esta manera, la presentación, centrada en la estructura del volumen y no en el contenido como el formato tradicional, dejó en claro que preservar una voz implica un trabajo minucioso, casi artesanal.
Al finalizar, quedó una pregunta abierta para el público: si la memoria puede encuadernarse para seguir hablando, ¿qué tanto estamos dispuestos a escuchar lo que aún nos falta conocer de los pueblos que sostienen nuestra historia? Cada página de este libro confirma que, mientras exista la lectura y conciencia, “la memoria sigue viva”.



